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Confesiones de una obsesión

A veces es duro tratar de borrar memorias, especialmente si fueron almacenadas mucho tiempo atrás, cómo puedo entrar en mi propio cerebro y borrar todo aquello de lo cual ya no quiero recordar; sellarlos, quemarlos o echarles ácido a todos aquellos sucesos que salen a flote por más que los quiero enterrar... a menos que inconscientemente no los quiera dejar ir, que todavía quiera tenerte atada a mi...no, eso es magníficamente estúpido, cómo podría querer conmigo a un zombie, sin nada que ganar y mucho que perder...

Maestro, aprendiz, ninguno deja de escapar a la realidad, tarde o temprano se dan cuenta que el uno se va contra el otro por pura vanidad, y es entonces que se enciende un chispa que aunque moribunda, no deja de brillar jamás. Esa chispa que no tiene nada de adecuada, no es más que una pequeña muestra de que de chispa en chispa, se puede obtener una hoguera fatal, cual año viejo en fin de año, sólo queda observar cómo en tan poco tiempo se desintegran los sentimientos, emociones, esperanzas.... sólo quedan en el suelo las cenizas que se convierten en recuerdos, que por más que aplaste en mi mano, no dejan de seguir siendo ceniza.


Ahora, cual trofeo escondo las cenizas en una urna, dedicada a quien no supo valorar lo que se le dio, escondida de otros recuerdos no tan bien resguardados, pues ese sólo recuerdo pide mucho de mi, pero de nadie más. Cuando suelo abrir esa urna, lo que no hacía hace mucho, se siente un aire pesado, cargado de mucho humo, las cenizas siguen vivas clamando por su dueño, por querer volver a formar parte de lo que antaño fue, crédulas, jamás volverán, ahora en este encierro están sólo bajo mi mando, dispuestas a recibir de mí sólo miradas tristes y superfluas.


Huele a melancolía, no sé cómo explicar, tengo una conducta obsesiva.

1 comentarios:

una vez mas ...epico..y real...q mas kieren...