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Desire makes me week

No quiero correr y no puedo volver atrás, ahí está en frente mío el desorden armado listo para comenzar a arreglarlo, mis manos que están pesadas y dolorosas no pueden ni quieren levantarse ni mover un dedo, sólo logro empujar con mis piernas de a poco las cosas más cercanas, pues no quiero que nadie lo note, que nadie note que estoy haciendo un esfuerzo.
Conocí una vez un payaso que me dijo: "la risa pintada en mi rostro es para que no se note la tristeza en el", me pregunto: ¿puede el simple color hacer la diferencia? ¿cómo lograr el contraste ideal para ocultar lo que la felicidad no ha podido jamás?
Extraños sonidos llegan a mi mente, no logro ignorarlos pero no me puedo controlar, volteo y ahí están, tomando forma ante mí, me siento rodeada, acorralada, dejénme salir !!!!, pero no logro correr, sigo totalmente inmovilizada, pero no hago más que mirar, es que quiero seguir así?

Es curioso notar cómo sale de nuestro ser aquello que decíamos no tener, cómo nuestro cerebro no deja ni un minuto para pensarlo, tan sólo drogado con la adrenalina que él mismo suministra y en un espacio reducido nos llena hasta el tope, sólo para saber hasta dónde podríamos llegar. Tengo a mi asesino viviendo dentro de mí, me droga y lo sigue haciendo, provocando alucinaciones y escenas inexistentes, sigo acorralada entre mi propia desesperación y mi alucinación.

Cayendo dentro de un agujero, empiezo a cavar para salir del otro lado, aunque creo que esa no es la salida, pero mis brazos para eso sí sirven, para contradecirme. La típica lucha interna no da tregua, sólo dolores de vanidad, aquella que se vende al mejor postor.
Existen extremos que ni siquiera sabíamos que existían hasta que logramos divisarlos a lo lejos, la curiosidad unida con la adrenalina son las peores amigas, y resultando en un falso éxtasis se abren los ojos demasiado lento, en una sensación única de drogas y alcohol. Eso es vida.. me dice una voz.