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Pensando en mi.

A veces me toca mirar para atrás para no olvidar qué camino estaba siguiendo, pues delante mío suelen posarse densas nubes que no me dejan ver más allá de mi nariz, y es doloroso tener que retroceder los pasos, pues en el camino quedan rezagos de vidrios rotos, espinas de rosas arrancadas y mil escombros más formando un verdadero campo minado, es ese campo el que he decidido volver a recorrer, buscando pedazos míos que me puedan guiar al punto donde me quedé.
Lo que he dejado atrás es realmente un campo de batalla, entre espadas y escudos he encontrado aquel corazón que lancé hace mucho tiempo atrás, suavemente lo recogo y le limpio el polvo, ya no sirve, pero era mío, no podría dejarlo ahí entre aquellas cenizas que salieron de él mismo, pues así es como murió, ese corazón ardió demasiado que se quemó. Pero creo que podré encontrarle un buen lugar para él, haciendo esto, visualizo aquellos cabellos castaños que lo hicieron latir, y siento una armónica brisa que se lleva su imagen, con la diferencia que en mi cara ahora se dibuja una pequeña sonrisa y me parece sentir calor en aquel pequeño y joven corazón.

Mirando alrededor noto un pálido brillo, puedo reconocerlo y en mi desesperación por correr tropiezo y caigo de bruces al suelo, mi mente sigue fija en aquel brillo, pero mis ojos se fijan con lo que tropecé, muy chico para que alguien se tropiece, pero muy fuerte para tumbar hasta mi respiración: un libro, es un libro rasgado y sucio, pero no deja de ser un libro y dejarlo ahí me mataría. Casi imposible de hojear debido a la suciedad y porque fue ahogado tiempo atrás, sólo lo reconozco por aquel olor a escritos fantásticos, dedicaciones con sangre y empapado con lágrimas imparables, y un poquito de alcohol añejado. Adornado con fotos arregladas y cosidas entre sí, una sensación de frío me subió por todo el cuerpo, porque lo dejé incompleto, no puedo evitar soltar una lágrima que cayendo en la cubierta produce un ligero remesón en aquel libro, será que de esa manera revivió? Prefiero pensar que es su manera de agradecerme no dejarlo en aquel lugar. En aquella caída sentí un dolor en mis piernas, y agachándome recuerdo aquel brillo que causó mi actuar impulsivo, ahora ya más despacio me acerco allá, pero mis ojos no pueden ver más, y mi cara no oculta la desesperación: cuerpos en el suelo, no son humanos, son sólo muñecas de trapo, pero mi corazón actual se desmorona al verlas, no puedo seguir viendo aquel funesto paredón en el que estuvieron alguna vez, y la escopeta que usé sigue ahí corroída por el hollín. Puedo ver sus caras, sus ropas, quiero recojer algo de ellas pero temo que al hacerlo se conviertan en ceniza y que se las lleve este viento pesado. Es demasiado, el dolor me atraviesa el corazón, pero ese dolor no lo siento en el pecho, de dónde proviene? Salgo corriendo de aquella terrible esquina, no logrando dejar de mirarlas.

Aquel brillo es el que quiero reconocer, al fin puedo verlo, no está tan viejo por eso sigue brillando, aquel anillo no estaba tan lejos de las muñecas de trapo, pero está encima de una caja que se me dificulta abrir, al lograrlo puedo sentirlo, ese dolor que no era de mi pecho pero que es cada vez más intenso, puedo ver mi corazón en esa vetusta caja amaderada y ligeramente húmeda. A diferencia de aquellas cosas viejas que encontré, no pienso recogerlo de ahí y ponerlo en su lugar, cerré la caja y consiguiendo amarrar la cerradura con un lazo improvisado hecho con cintas de viejos cassettes lo dejé caer en el suelo, pues me asusté al ver que comenzó a moverse esa caja con mi corazón en ella, esta vivo aún, no podría tampoco dejarlo ahí, así que tomo la caja y llevándola en mis brazos noto un último brillo, más apagado que el anterior, y agachándome noto que es una llave que sirve perfectamente para aquella caja...claro ahora recuerdo que ya la había utilizado con éxito anteriormente, sin dudarlo la dejo bajo llave otra vez.

Ahora con mis nuevos artilugios decido avanzar, aquel anillo no decidí quedármelo, con la mirada a aquel campo de batalla, extiendo mi brazo dándole todo la fuerza posible, y lanzándolo cierro los ojos para no ver dónde cae, quizá en otro momento de mi vida, cuando decida mirar otra vez atrás, quizás, lo encontraré de nuevo, esperando que no siga con ese mismo brillo.

Aquella densa niebla sigue en frente mío, ya más despejada pero sigue ahí causando un poco de rocío con el que logro quitarme un poco la sed. Porque a pesar de las dificultades, he aprendido a sacarles algo de provecho.



"Hay veces que, mi alma baila tangos con la soledad" M.O