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Haciendo malabares

Cuando tenía 5 años entré a primer grado de escuela, un mundo y un cambio nuevo y como toda niña, con ganas de aprender. Lo primero en lo que me fijé fue en mi maestra, era paciente, bonita e inteligente; enseguida quize ser cómo ella porque también noté en ella la capacidad de hacer muchas cosas a la vez, era una malabarista, perfecta en el arte de maniobrar con cautela decenas de niños, sin lastimar, sin olvidar, y con una aparente sonrisa perfecta. Al crecer no encontré maestras con el mismo nivel de profesionalismo que ella; y tratando de emular a mi maestra de primer grado acepté responsabilidades más allá de mis dos brazos para comenzar a practicar esa técnica. En el colegio me fue muy útil, pues a la entrada de los 13 años me cayeron muchas cosas con las cual tener que maniobrar, poco a poco se fueron añadiendo más y más a mi número circense, y salí victoriosa en muchos de mis actos, pero no de todos, es de recordar que el corazón no tiene brazos con los cuales manipular los hechos, sólo podía recibirlos en el pecho cual futbolista recibe la pelota, pero duele mucho tratar de hacer malabarismos de esa manera, y siendo mujer es más doloroso. 
Y siempre que duele recuerdo a mi maestra, habrá tenido esos mismo inconvenientes? calmar a una docena de niños es más fácil que calmar al corazón, y eso que es uno sólo, me imagino más de uno y creo que sería una muerte segura. Pero el encanto de ella mientras lo hacía, sin soltar la sonrisa era algo admirable, por eso en mis técnicas de malabarismo la sonrisa es un punto dominante, incluso ahora con tanto malabar entre manos la risa se me sale sola aunque trate de disimularla, aunque creo que eso ya lo mencioné en un post anterior. 
Hoy hubo un espectáculo digno del Circo du Soleil, y se me vienen aquellas palabras de quien me mantuvo ocupada por un año: "si no logro lo que quiero tendré que ir al circo", no se dió cuenta que en frente de él tenía a toda una artista !!!
Así es como se me escapa otra sonrisa, no puedo ocultarlo, a pesar de que suele doler hacer todo este malabar, es el momento de ver para arriba al momento de lanzar los aros  lo que es único e indescriptible, más aun que el hecho de mantenerlos dando giros de mano en mano.
Además de enseñarme a leer y escribir, mi profesora me enseñó a ser malabarista, ahora sólo me falta la cátedra de escapista.