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Vos nunquam teneo quid futurum fine

De todos los príncipes era el más lejano, sin mirada, sin sonrisa, hundido en sus pensamientos vivía alejado del sol; lo que le congeló el corazón. No tenía fuerza en sus brazos ni en todo su ser, sólo era pero no existía. 
Todos decían que su corazón murió, decían que una joven lo destrozó. Mi curiosidad es grande, más que mi valentía, y si el amor provoca eso no quiero enamorarme jamás; lo veo pasar cada mañana frente a mi ventana, caminando lento pero seguro, y no puedo evitar mirarlo tratando de que logre mirarme también, pero a su paso sólo deja una estela de soledad, un calor congelado en un espacio de tiempo, hasta donde mis ojos pueden mirar sólo ven blanco y negro y aquel sombrero que por más viento que pueda correr, jamás cae.

Desde aquel día lo veo siempre, adicta a su mera presencia, anticipando su llegada me visto de mil colores, sombreros y brillantes que lo cautiven, pero todo es en vano pues sus ojos son fieles al pavimento y en esos segundos desesperantes sólo me deja su estela embriagante, ese sentimiento mortuorio y enceguecedor; me enamoré de su nada, de su nulidad, de su carencia de vida, de su ausencia de mirada, y día a día en mi ventana mi ser cobra vida con su muerte latente, y muero con la escasez de su ser.

Mi reflejo en el espejo es ahora el reflejo de él: totalmente sin vida, dándosela toda a él al pasar por mi ventana, mis manos ya no sirven más, mis ojos sólo quieren verlo tras las cortinas, escondiéndome ahora que mi semblante no tiene más que mostrar, sola muriendo sólo puedo verlo a él, con su sombrero intacto al pasar el viento, y recordar su olor a nada, el que nunca existió para si mismo fue todo mi ser que ahora entrego a la muerte a la que le pido un último favor, si de algo sirvió vivir que él sepa todo lo que sentí y señalándolo en el momento que pasa por mi ventana, la dulce muerte sólo me puedo decir: "A mi hijo jamás le importarías siendo un alma llena de luz", diciéndolo me levanta abriendo la ventana y ahí está aquel que me robó la vida, con sus ojos sobre los míos y sonriéndo por vez primera dándome su mano. En muerte con él, comienzo a vivir.

1 comentarios:

Me encantó.