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La viuda y el violín

Estaba apurada, entre viejos baúles, buscando mientras miles de papeles volaban sobre ella, desesperada tratando de encontrar algo que no recordaba. Su lújubre aspecto la hacía ver como una sombra más en aquel sótano, toda revestida de negro tal como lo ordena la costumbre, las viudas están atadas al color negro de por vida.
Susurrando palabras que difícilmente ella misma podía escuchar, seguía moviendo sus manos dentro de un baúl casi del tamaño de ella, entre millares de recuerdos que bailaban en el aire, su vista sólo le servía para buscar una sola cosa: el violín de su difunto esposo. Para ella no había nada más valioso que aquel instrumento que ella se lo había dado de regalo de bodas, pero no está ahí, ni en ningún otro lado. Furiosa vuelca el contenido de aquel contenedor de recuerdos y salen disparados más papeles, fotos, flores secas, nada que ella realmente quiera ver ahora. Las lágrimas fluyen de sus ojos convirtiendo todo en una confusa mezcla de tinta negra y lágrimas, lágrimas mortuorias sobre recuerdos sin sentido.
Harta del sonido de aquel instrumento taladrándole los oídos, está decidida a encontrarlo, saber quién se aprovecha de su dolor transformándolo en notas, saber quién le robó el único recuerdo de su amado ahora muerto.
Ya en la densa oscuridad que la rodea, diminuta entre sábanas, su ventana es su única compañía, y mientras logra conciliar el sueño, sintiendo los dedos de Morfeo tomar su mano un sonido rompe su pequeña tranquilidad, las notas endiabladas de aquel violín !!! reconoce el sonar de aquellas cuerdas, esa madera que cortó y aquel barniz que usó le dieron ese sonido único que ella jamás podrá olvidar, lo hecho con las manos es como un hijo que se da a luz.

Tropezando entre las escaleras, la noche la envuelve de pies a cabeza sin dejarla ver más allá de su nariz, es su oído el que la guía entre las tinieblas, estirando los brazos tratando de salir de aquel encierro busca la puerta, esas notas que le hielan la sangre vienen del exterior y las seguirá hasta la mismísima muerte. Ya con su vestido pisado y roto no le importa pisar el lodo y fango que la rodean, aquel vestido que un día fue blanco refulgiente y llevado por ella para sellar su pacto con su amado, se volvió negro, opaco, representando lo que es ella ahora: un alma negra y opaca que sólo quiere aquel violín, objeto de su devoción. Hasta dónde puede llegar la pérdida del sentido por un corazón ajeno!!, pero ya ahora no le importa nada, sólo correr escuchando las notas de su perdida razón !!
Llegando a un claro de bosque, en una pequeña cima todo lo que ve es lo que ha querido olvidar, una figura delgada en aquella cima se da a conocer, el ladrón de su posesión !! Dispuesta a todo por recobrarlo, se dirige con gigantescos pasos a aquella cima, armada sólo de pasión y coraje, pero al acercarse más una repentina llovizna la coje desprevenida, sintiendo las gotas como heladas agujas y cayendo al suelo, sus lágrimas se confunden con las gotas de lluvia, cómo puede alguien jugar con alguien que lo ha perdido todo, se pregunta.

Pero enfrente de ella  sólo puede ver una sombra, conjugada entre lluvia y penumbra entonando una marcha nupcial oscura, de matices siniestros, es cuando logra mirar que la lluvia destiñe su negro vestido, dejando ver como aparece el blanco de a poco entre pliegues de negro tul. Se levanta con la ayuda de una mano espectral y como una novia radiante está enfrente de un espejismo de lo que alguna vez fue su dulce acompañante, sin siquiera dudarlo se acerca a él, todavía con la locura en su ya casi moribundo corazón y fundidos en un beso fantasmal sus figuras se hacen una con el agua, quedando en aquella cima el único testigo de esa quimérica boda: un violín gastado y empapado por la lluvia, dejando escuchar un pizzicato fantasmal de una marcha nupcial.